12/03/2008

El colmo de la Comunidad

Por Florencia Minici

Osvaldo Bossi nació en Buenos Aires en 1962. Su obra circuló con reserva en los márgenes del ya clásico Diario de Poesía. Sin embargo, hay en el mapa trazado fronteras, márgenes y voces que durante algún tiempo han sido leídas con un cierto gesto de reverencia, pero de reserva a la vez. Aquí, consideraciones acerca de su obra y su tratamiento de un concepto clave para todos los momentos de la historia, y más aún para todo presente: la Comunidad.



De tu mano crucé una línea terrible, imaginaria

O. Bossi

“La historia humana es la historia de los Deseos deseados.

(…)

Debe abandonar su deseo y satisfacer el deseo del otro: debe "reconocerlo" sin ser "reconocido" por él. Pero, "reconocer" así implica "reconocerlo" como Amo y reconocerse y hacerse reconocer como Esclavo del Amo”

A. Kojève


1

Hay en el mapa de la poesía de las últimas dos décas fronteras, márgenes y voces que durante algún tiempo han sido leídas con un cierto gesto de reverencia, aunque de cautelosa reserva.
Me refiero a Osvaldo Bossi (Buenos Aires, 1963), poeta que ha circulado, insistimos, con reserva, y que pareciera montar sus textos sobre preocupaciones líricas, en el paradigma de la contradicción cuerpo- alma. Y allí mismo, tomando como centro productor de textualidad una articulación problemática de la sexualidad, Bossi logra encabalgarse en un tratamiento de la relación con el Otro muy ligada a la dialéctica amo- esclavo: en Tres (editado por primera vez en 1997), el triángulo amoroso se cierra sobre un Eros, que a la vez se cierra sobre quien “no sabe vivir por sí mismo”. Y ese alguien (alguien, uno (s), Otro), la encarnación del erotismo “dice que uno de los dos debe morir”: el Tres, colmo de la comunidad de deseos, expresa en cierta medida medido terror a la Comunidad.


2

En la lectura que hace Koyéve de la dialéctica Hegeliana, la identidad del Yo se constituye en una lucha con el otro, amo o esclavo.
Uno obtendrá el reconocimiento, el deseo del otro, así como el otro reconocerá. Sin embargo, para que esta relación se instituya, es preciso que la lucha no sea a muerte. En un momento alguien decide la vida, decide no morir (el esclavo, que conoce “la ley del más fuerte”, se aferra a la vida, a la relación de dominación).
En Tres pareciera haber una encrucijada: desear al más fuerte puede desplazarse de una acción negatriz, a una acción de muerte. Si el más fuerte es un hombre que ama una mujer, y el yo lírico que enuncia, es el hombre que ama al hombre, que ama a su vez a una mujer. Y es este es el dilema de Tres. La lucha de reconocimiento implica, pues, una mudanza, un trastrocamiento, una violencia sobre el cuerpo mismo que desea (“miro la cicatriz en el pecho”, insinúa uno de los poemas, en un quirófano donde algo se ha quitado del pecho y luego el que enuncia despierta diciendo “cerré los ojos por la mudanza”).


3

En Tres, la comunidad de deseos se asocia con la idea de muerte, de pérdida de la autonomía de un sujeto. Quizás es por eso que en Ruego por el Tornado hay un desplazamiento, una declaración explicita de opción: “no tengo amigos, pero me llevo bien con los relámpagos”.
Esto último, no supone un aislamiento o un velamiento respecto de la matriz amo-esclavo, siempre presente. De ese modo en “El muchacho hormiga”, leemos: “No tengo ninguna instrucción/ pero soy dócil para aprender (…)/ (…) Puedo vivir al lado tuyo, / dormir al lado tuyo sin esgrimir/ ninguna picadura” o, en otro poema intitulado: “Estaré solo/ para siempre, aunque estés conmigo”.
El panorama de la violencia, la dominación, el Yo que opta por un “vivir así” (es decir, no hacer de la lucha con el Otro una lucha a muerte), se encuentra presente, ya de una forma definida, constituyendo esa identidad por oposición al Amo: “Sos más grande que yo, con otros/ gustos, habilidades, otras maneras de ver la realidad/ o no verla (…)”.


4

No hay en Bossi un rechazo de “lo comunitario”, sino una puesta en escritura (de corte metafísico por momentos, oponiendo lo carnal con el alma), de ciertas formas de comunidad de las que se huye, frente a las que se reclama la soledad. Una soledad que más bien está en los márgenes de aquellas poéticas que podríamos denominar en los 90 como “celebratorias del presente”, eufóricas de la fiesta. Una soledad más bien refugiada en cierta trascendencia, en definiciones de tipo “Cuerpo y alma/ son dos que se desean, /atados por el cuello (…)”.


5

La acción negatriz necesaria para ahogar la sed, el deseo, es la escritura misma: “Pensar, a cierta hora, que una palabra puede ser/ un puente, y pensarlo con seriedad”.
El Yo que conoció el perderse-de-sí en el Otro, que se ha refugiado en cierta actitud contemplativa, toma una escritura para contarnos todo aquello que aprendió. Nos habla a “nosotros” en Presente, universalmente: “Es la mecánica del paraíso:/ mostrarse e irse/ para que tengamos miedo de él”. Contundentemente, el yo lírico ha llegado al colmo de la experiencia amorosa, y en tono de paraíso perdido, nos advierte el desencanto. Bossi llega a una poesía contemplativa así como se llega al ocaso de una razón que meticulosa, ha recogido la experiencia de la lucha con el más fuerte.
Parece ser que, aun en el mayor reclamo de soledad, se encuentra el colmo de la comunidad, o su exaltación racional. Cuando la palabra se convierte en el puente de la experiencia, la comunidad de dominaciones (de deseos deseados) ya no es un cuarto oscuro a donde no debemos entrar, sino un riesgo, una apuesta de la escritura:

Amor camina
por un pueblo fantasma.
Puedo perderme en él
y puedo no perderme, al mismo tiempo. Suspenso
en la agonía de no alcanzarte
nunca. Si me dijeran
que esa agua que corre, ahí abajo,
bulle repleta de cocodrilos,
avanzaría lo mismo.
No sé por qué ni para qué.




ANTOLOGÍA DE OSBALDO BOSSI

De TRES

Tres

Un hombre que ama a un hombre
que ama una mujer, está acorralado;
pende en lo alto como una hora
bella e inútil; se da a sí mismo
en un extravagante vacío, toca
el vacío con los dedos.

*
Sublime es el reposo de quien
dejó caer el peso de un terrible deseo
sobre el más fuerte; ese
que tuerce el curso de los ríos
y hace del agua estancada una fuente
donde él se detendrá, se detendrá
una sola, una sola vez.

*

Cuando mi amado entra
al cuerpo de ella, es a mí
a quien tan hondamente
llega; me quita la respiración,
arrasa y mira a los ojos.
Pero cuando por mi propia
carne él entra, es a ella
a quien toca: desnuda, la puedo
sentir del otro lado suspirar.

*

Hay un eros que lleva a la locura,
no encuentra paz, ni cuerpo
donde detenerse.
No sabe vivir por sí mismo.
*

¿Y si ella fuera ella
nada más, ella misma, ella sola,
sin mí para buscarla?
¿Una mujer es nada más que eso,
una mujer, y no yo, transfundido? Por qué
no puedo verla, reconocerla en
su soledad?
*

Dice que uno de los dos
debe morir; él no puede seguir
en otra parte, añorando.
Como sacrificar un pie, una mano,
por celos.
*
Miro la cicatriz en el pecho.
Los cirujanos dejaron un buen lugar,
liso. De esta leche no mamarás,
da vueltas sobre un eje ficticio, diría él:
pálido, ojos abiertos.

*

Mire donde mire soy otro.
Sopló el viento durante la noche.
Cuajaron las flores del verano.
Mi casa decayó también, rodó
como una piedrecita por la pendiente.
Ahora me despierto, despierto aquí, cerré
los ojos para la mudanza.

*

¿Viste la cara
del que se raspa
el pecho, y luego la espalda
contra la ligustrina, en
un olvido de sí
que da miedo, sabiendo
a qué saben las ligustrinas
y huelen?


De RUEGO POR EL TORNADO (2da edición: 2006)

El muchacho contorsionista

No tengo amigos, pero me llevo bien con los relámpagos.
De dónde quiero salir, adónde quiero llegar,
no lo sé. De la mañana hasta la noche
doy vueltas a lo mismo, como si poner un brazo aquí,
una pierna allá, me impidieran caer en el dolor...
No hay dolor para mí. Es importante que sepan
esto: no hay dolor. Y no entiendo a la gente que sigue quieta,
aferrada a lo mismo, o deja que las cosas continúen
en su lugar. Yo sueño con un cuerpo distinto
cada vez, y no me importa que sea el mío:
puedo pasar de lobo a niño, de elefante a cangrejo
en pocos segundos, haciendo pequeños arreglos.
Algunos piensan que lo mío no es flexibilidad
sino un error de base, como si me faltara un eje,
un punto de apoyo... Puede ser. Mi madre se horroriza
al verme, y mi padre se ríe, se divierte conmigo
como si dijera: Este muchacho... Sin ir más lejos
anoche tuve una pesadilla. Dormido y desnudo
en mi cama, cualquiera (¿se dan cuenta?) cualquiera
podía verme. Mi novia, incluso, que es muy posesiva
podía encerrarme en una cajita de fósforos
o esconderme tranquilamente en un dedal.




Aviso a los navegantes

No pondré un cerrojo en mi puerta,
pero habrá una puerta.

No comeré del mismo plato.

No saldré a caminar de noche
por más devastadora y hermosa que sea
la noche de junio al lado tuyo
cuando en mi corazón aún sea de día
y una pequeña llama
arda en la íntima cocina: apacible.

No caminaré sobre el agua
No buscaré desconsolado, a cualquier hora
un parque de diversiones.

Cuando la primera insidia llegue
o el deseo surja como un abejorro punzante
no los cubriré.

Como no hay salvación posible
ni castigo compensatorio
no voy a pedirte que me escuches ni me deslumbres
con el chasquido de tu látigo

Que seas justo o bello, o que no lo seas
correrá por tu cuenta.
A cada cual su alvéolo, su santuario y su ración de escoria.

Que en nombre del amor no te calme
ni me perdone ni te justifique.
Que llegada la hora del descanso, descanse
No me ataree en la secreta construcción de un puente
pavoroso o magnífico.

Ningún efecto, ninguna causa
será completamente tuya ni de nadie: no serás responsable.
A cada cual su monstruo ¿no es suficiente?

No me llames por teléfono para que lo vigile
por favor esta noche, cambie su agua o le dé de comer.
No soy una excepción, y voy hacia lo mismo
como todo el mundo.

No te olvides de mí, pero sobre todo no te acuerdes
únicamente cuando las cosas andan mal.
Mi sabiduría no es tan sabia ni tan tonta:
empieza con mi corazón y por él se termina.

Llegado el momento, no pagues mi excarcelación.
Sea o no inocente, no me impidas
la retórica del mal. (No es tan difícil.)

El mundo, es cierto, y las cosas que hay en el cielo
se han modificado con tu presencia,
pero no me quieras engañar. No me digas:
La soledad, a partir de ahora, ya no será una preocupación.
Aunque pueda, yo no quiero perder
ese vértigo, el fondo sobre el cual bulle una copa
a veces sumamente amarga y a veces... dulce.

Que yo no diga
--y si lo digo no me escuches: No soy nadie sin ti.
Y si soy nadie fatalmente, que yo comprenda
que sólo ha sido por mí mismo.

*

El muchacho hormiga

Te confío mis palpos, mis antenas,
la cintura que se cierra y separa, en su centro
dos adyacencias: el tórax por un lado
y esas extremidades largas, feas
que son las piernas de un muchacho, por el otro.
Eso sí, mi cerebro es más grande
que el de un mosquito, como si en el reparto de Dios
hubiera alguien siempre con algo menos
y así el tonto consuelo e la vida
seguiría funcionando.

No tengo ninguna instrucción
pero soy dócil para aprender, y aunque parezca
inofensivo, raras veces bajo la guardia
y encuentro la manera de defenderme: escudos,
sigilosas espadillas, arpones
y algún que otro veneno, constituyen
mi secreto arsenal…Pero puedo vivir al lado tuyo,
dormir al lado tuyo sin esgrimir
ninguna picadura.

Sos más grande que yo, con otros
gustos, habilidades, otras maneras de ver la realidad
o no verla. Pero el mundo es inmenso y puede,
si lo pensamos, quedar un sitio acorde a nuestra medida.
No digo que te amo, porque en mis labios
esa palabra sonaría un poco distorsionada,
pero te amo de alguna forma.

Soy un buen trabajador. No un fanático,
pero atravieso los malos tiempos y los buenos
sin hacer mucho ruido…No tengas miedo.
Mi cuerpo, como cualquier otro, es ínfimo
Sslamente cuando nadie lo mira.

*

De tu mano crucé una línea
terrible, imaginaria.
Lo comprendí enseguida,
cuando los árboles se estremecieron.
No vi una horda
que me rodeaba por dentro
y la llamé el mal.
Como a un terrón de azúcar, yo
te empujé hasta mi boca.
El matorral bramó. Atrapado,
burlado mi destino,
caí en la trama que me esperaba
desde el principio.
Por eso fue que no dudé
y entré de tu mano aquella noche
y todas las noches
como un niño obediente.

Osvaldo Bossi. nació en Buenos Aires en l963. Como poeta, es autor de varios libros de poemas, entre ellos: Tres (l997), Fiel a una sombra (2001), El muchacho de los helados y otros poemas (2006), Ruego por el tornado (que incluye la reedición de Tres) también en este año, 2006, y Del coyote al correcaminos (Huesos de Jibia, 2007) Sus poemas fueron incluidos en la Antología de la poesía argentina. Monstruos, cuya selección y prólogo estuvo a cargo del poeta Arturo Carrera. Tiene, además, dos novelas inéditas: La médium, y Lo más espeso del monte. Como crítico, colabora en distintas publicaciones del medio. Además, desde hace varios años, coordina talleres de escritura poética en el Centro Cultural Ricardo Rojas y en forma particular.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Grosso Bossi !!
Grossa Minici !!

El lector en las sombras

sebastian dijo...

nunca había visto una lectura seria de bossi
enhorabuena!