POR JUAN FRANCISCO GENTILE
Martín Buscaglia es uno de los nuevos cantautores uruguayos que, en la corriente de Jorge Drexler, del lado de allá, y de Lisando Aristimuño, del lado de acá, vienen marcando el nuevo rumbo de la canción ríoplatense.
“Enciendo la radio, escucho el tema de moda... me aburro”
Soy un aficionado radioescucha. Desde los años del colegio secundario empecé a escuchar radio en un viejo walkman mientras caminaba por las calles, en los colectivos y subtes, en mi casa. Escuchaba radio casi como caminaba, respiraba y comía. Parece exagerado, pero no lo es. La radio ejercía en mí un efecto extrañamente placentero, efecto que por otra parte nunca pude explicar con exactitud. Simplemente había una atracción que se manifestó de inmediato apenas empecé a tener edad para interesarme por los diferentes medios de comunicación, al consumir revistas y asistir con frecuencia a recitales del circuito off y no tan off de Buenos Aires. La radio se convirtió en una fuente de información y de entretenimiento primordial en mi vida de adolescente.
Durante el día sintonizaba la Rock and Pop, que aún conservaba algo de su espíritu rebelde y contestatario que la habían caracterizado (según los más grandes) desde sus épocas iniciales. En las madrugadas me recostaba en mi cuarto con algún libro que no leía en las manos para perderme en la atmósfera músico-teatral-histórica-humorística que lograba recrear Alejandro Dolina en “La venganza será terrible.”
Luego, las FM fueron tiñéndose progresivamente de mercado liso y llano, ocupando sus programaciones con aquellas canciones que el establishment discográfico dictaba que era el pan caliente del momento. De hecho, no sé muy bien por qué uso una conjugación verbal en tiempo pasado, ya que es esto lo que ocurre hoy día, elevado a una potencia que parece ser la máxima alcanzable. Y Dolina se fue a Radio 10.
Pero a pesar de las continuadas decepciones sigo escuchando radio. Como es sabido, todo centro genera una periferia, que muchas veces se desliga de ese centro y genera su propio sistema con sus propias periferias, sólo que menos visibles (centros y periferias nuevas) porque no suelen responder a los parámetros de la cultura dominante del momento. Así llegué a Radio Nacional Faro. Una noche en pleno zapping radial escuché una canción no tan conocida de Spinetta Jade, y ahí se detuvo el dial. La programación me sorprendió muchísimo: la elección de las músicas que allí sonaban, generalmente urbanas, no parecían responder precisamente a una brillante estrategia comercial, sino más bien a gustos y tendencias genuinamente singulares. Música desconocida y conocida por mi. Vieja y contemporánea. Y una fuerte presencia de exponentes de la escena independiente local.
Fue gracias al Faro que conocí las canciones del uruguayo Martín Buscaglia.
“Enciendo la radio, miro como se derrite... contento”
La escena de la música popular rioplatense vivió en los últimos años un fenómeno tal vez no tan ruidoso como perseverante: la canción-fusión, que como tal existe desde los años 60, pero que en estos años está refrescándose y reinventándose, condimentada con recursos electrónicos, elementos propios de la música autóctona de la orilla e influencias del rock anglosajón beatle y post-beatle, hecha por solistas (la versión actual del trovador) que a su vez dan un importante lugar a las letras, las cuales suelen ostentar una originalidad y calidad altamente disfrutables. El exponente más visible de esta tendencia quizás sea el uruguayo Jorge Drexler, que logró que su audiencia crezca notablemente tanto en Argentina como en Uruguay a fuerza de dos impecables discos como son “Sea” y “Eco”. De este lado del río, Lisandro Aristimuño viene haciendo que nombre se escuche cada vez más frecuentemente en los ambientes musicales especializados, sumado a las lentas pero perseverantes escaladas de Flopa y Gabo Ferro.
Es en esta tendencia donde podemos encontrar a Martín Buscaglia, que en los últimos tiempos visitó los escenarios pequeños y medianos de Buenos Aires en muchas ocasiones, que no cuenta con la difusión que tiene Drexler, pero sus canciones vienen dando que hablar entre los medios musicales alternativos y no.
Hijo de Horacio “el corto” Buscaglia (referente fundamental de la música y de la cultura uruguaya, y uno de los fundadores del mítico y longevo grupo “Canciones para no dormir la siesta”, integrante del grupo El Kinto y creador de varias obras co escrtitas con Eduardo Mateo) Martín creció en casa de músicos de la vieja Montevideo, rodeado de las voces de Mateo, los Fattoruso o de Rada. Por el lado de la genética y por el del entorno, no hay queja que valga. Así pasó su juventud entre cruceros de largos meses tocando bajos en una banda de salsa, componiendo para murgas montevideanas y para un proyecto de canciones infantiles llamado “Cuentacuentos”, entre muchas otras actividades creativas.
Así las cosas, en 1997 Martín Buscaglia presentó en las bateas su primer disco llamado “Llevenlé” que tuvo una repercusión medida en Uruguay, y nula en la Reyna del Plata. En el 2000 editó su segunda placa, “Plácido Domingo”, al que la altamente respetable revista Inrockuptibles calificó de “uno de los mejores discos de los últimos tiempos en Montevideo. Martín Buscaglia sabe ponerle la dosis exacta de poesía a la canción y sabe también envolvernos en esos ritmos mestizos de alguien que conoce de memoria a Mateo pero también a Marley, a Hendrix y a Prince”.
Es que Buscaglia presenta en sus canciones una síntesis fuertemente novedosa, incluso con respecto a Drexler y Aristimuño: suena a folk, suena candombre, suena a trova, suena funky, suena a todo eso junto y por lo tanto a nada de eso. La coctelera está en constante movimiento y parece equilibrar las partes de manera ajustada.
Son “Ir y volver e ir”, de 2004, y “El evangelio según mi jardinero”, de 2006, sus últimas dos producciones, que pueden escucharse e interpretarse como los ápices de la creación “buscagliana” (si se me permite la invención del pasajero paradigma). Canciones como “El sol”, “Mil cosas”, “La vanidad es una mala dieta para amar”, “Trivial Polonio” o “Presiento que esta noche soy un lirio” son un regalo para los oídos que buscan bañarse en aguas frescas y dulces. Los sonidos se presentan amables y nuevos, mientras que la voz cantante, a medio camino entre la fragilidad spinetteana y la gruesa solidez de Rada, enuncia los ocurrentes y sensibles versos sin empalagar la obra.
Las letras están cargadas de sutilezas estéticas, marcadas por aires frescos de espacios pacíficos tales como Cabo Polonio o el enaltecimiento del barrio de Lavapiés de Madrid, ciudad donde el músico reside. A la vez, Buscaglia es un amante de los neologismos y de las alteraciones semánticas que producen los adjetivos acompañando a sustantivos que usualmente no acompañarían (esto es un viejo y elemntal recurso literario que tiene un nombre que ahora no recuerdo, y del que por elemental no debe entenderse simple, dado que su correcto uso requiere de un manejo de la adjetivación al menos entrenado).
“El evangelio según mi jardinero” es un disco tan prolijo como desprolijo (eso que alguna vez dijo Alfredo Rosso de Pescado Rabioso: “prolija desprolijidad”). Y las innovaciones vienen aquí también por el lado de la instrumentación. Buscaglia, a quien es más fácil imaginar descalzo en una playa con una guitarra criolla, introduce en este disco sonidos de banjos, bases electrónicas que se inmuscuyen de manera ajustada (como en la cocina, el uso del picante tiene que ser exacto, porque de lo contrario termina saturando los sabores y echando a perder la comida) y que cuentan entre sus filas a básicos artefactos como el Atari 8 o pistolas de juguete que disparan sonidos extraños, siempre sobre la predominancia de guitarras limpias, contando con las voces de Rada o de Juana Molina , que llevaron sus colaboraciones (entre muchos otros conocidos e ignotos) a “El evangelio...”.
Tuve el gusto de estar presente en una de las presentaciones que Martín Buscaglia hizo en Buenos Aires durante el mes de marzo de este año. Precisamente en el auditorio de Radio Nacional, desde donde emite FM Faro. Allí todos los martes hay recitales cuya entrada son dos alimentos no perecederos, que luego se distribuyen en distintos comedores populares del país. Un martes caluroso de marzo, Buscaglia se presentó solo a tocar. Lo que más me sorprendió fue que, a pesar de estar solo en el escenario, el músico hacía sonar 4 o 5 sonidos a la vez. ¿Cómo? Tal vez los lectores músicos o con conocimientos técnicos piensen que estoy explicando una obviedad, pero yo quedé fascinado: Dos micrófonos, pedales, una consola conectada a uno de los dos micrófonos y con entradas para los diferentes instrumentos. Buscaglia allí grababa secuencias (pasajes de guitarra, colchones vocales cantando una nota por vez, bases electrónicas delicadas) que luego quedaban sonando, y sobre ellas por el micrófono pincipal cantaba, tocaba la guitarra, hacía sonar sus juguetes sonoros y así generaba la sensación de estar asistiendo no solamente a un acto interpretativo sino también a un acontecimiento creativo in situ. Utilizando su boca para crear bases por momentos hiphoperas y también para hablarle al público constantemente, el cantautor se gana la simpatía de la audiancia de entrada porque se maneja como si conociera a todos los presentes desde la infancia. Cuenta las historias que se le vienen a la mente, las de las canciones y las que podrían haber sido las de las canciones. La receta: sin libreto. Y eso es lo que más seduce. Buscaglia da la sensación de la intimidad, de la confianza. Desde la butaca uno siente que el muchacho está muy suelto en el escenario y que habla, canta y se mueve de la única manera que sabe, de la misma manera que lo hace ante 20 personas (como esa noche en el auditorio de Radio Nacional) y también ante cientos (como en La Trastienda) o incluso ante miles (como en los festivales del Uruguay y España).
En fin, escuchen a Martín Buscaglia. Hoy que Charly saca un disco que se llama “Kill Gil” y sentencia “no importa la revolución”, que Calamaro dejó de ser un poeta maldito y que Fito canta “sólo quiero darte cosas simples”, la nueva luz del tren de la canción ríoplatense está un poco más allá de los canales de videoclips.
Más información: www.martín buscaglia.com
30/05/2007
El centro y la periferia en el Río de la Plata. En este número: Martín Buscaglia
Suscribirse a:
Enviar comentarios
(Atom)



1 comentarios:
Genio!