Cuando, en los últimos días de diciembre, nos encontrábamos preparando este nuevo número de Libertad No Duerme, concluimos que la columna editorial no podía dejar de referirse a los hechos más importantes con los que se despedía el año. Así lo hicimos, y dejamos lista la edición para ser publicada el último día del mes. Sin embargo, el 2006 aún nos deparaba sorpresas mayores.
En la última semana del año, aquella que suele transcurrir inadvertida entre las Fiestas y el Año Nuevo, el grave secuestro de Luis Gerez provocó un estado de alarma y zozobra durante las 48 horas que duró su desaparición.
Luis Angel Gerez -albañil, 51 años, militante social- fue un testigo que declaró contra el ex comisario torturador Luis Patti, en la causa que le impidió asumir como diputado nacional. Su testimonio señalaba al represor como responsable de tormentos con picana eléctrica en 1972, en algún embrión de lo que luego serían los perversos centros clandestinos de detención durante la dictadura militar.
Gerez fue secuestrado el pasado 27 de diciembre cuando se dirigía a hacer las compras a una carnicería, en el partido bonaerense de Escobar. Su desaparición se sumaba así a la de Julio López (quien aún lleva más de cien días con paradero desconocido), y ambos hechos llevaban a sospechar una vinculación mafiosa de una escandalosa gravedad.
Del mismo modo lo entendió el Gobierno. Dos días después de la desaparición de Gerez, Kirchner habló por cadena nacional refiriéndose al secuestro. En su mensaje, el Presidente culpó a la llamada “mano de obra desocupada”, es decir, a “elementos parapoliciales o paramilitares”. Y los acusó de “extorsión” para “obtener, a través del miedo, la impunidad”.
Gerez apareció una hora después del discurso de Kirchner, liberado por sus captores, y con marcas de haber sido golpeado y torturado. A partir de entonces, y hasta el día de hoy, quedan más interrogantes que certezas respecto a su desaparición.
La poca información que hasta ahora brindó Gerez sobre su cautiverio, la falta de testigos al momento de su captura y el hecho de su aparición poco después del discurso de Kirchner alimentaron las suspicacias en torno a la veracidad del secuestro. Hubo, desde la oposición, quien dejó entrever que se trataba de una movida premeditada. En ese sentido, tampoco ayudó el silencio oficial luego de la aparición del testigo.
Pero tal afirmación es casi tan ridícula como las declaraciones de funcionarios que atribuyeron la aparición de Gerez al discurso presidencial de una hora antes. Lo cierto es que en esta ocasión fue clave la decisión política de rastrear la vía del secuestro desde un principio, algo que no ocurrió cuando desapareció Julio López.
El principal interrogante que deja este episodio es si mantiene alguna vinculación con la desaparición de López. La posibilidad de que exista una red parapolicial con el poder y la logística suficiente para secuestrar personas y frenar -mediante el miedo y la extorsión- la lucha contra la impunidad, es un hecho que debería movilizar a todas las fuerzas comprometidas con la democracia y los derechos humanos más allá de su signo partidario.
El Estado, por su parte, está obligado a hacer frente a estos grupos residuales de la dictadura, que operan con absoluta impunidad. Después de las declaraciones de Kirchner por cadena nacional, donde reconoció su existencia, no hay lugar para la indiferencia.
No le faltará razón a quien diga que se trata de la lucha más difícil de la democracia. Pero en este caso no hay términos medios. A las mafias enquistadas se las combate o se las tolera. Y no se trata sólo de la “mano de obra desocupada”, sino de la probada vinculación que tienen estos grupos con las fuerzas de seguridad oficiales, como la Policía Bonaerense. También es necesaria una intervención a fondo de la SIDE –que, manejada entre las sombras, hoy es un organismo siniestro que alberga a represores y mercenarios de la peor calaña- y transformarla en un servicio de seguridad comprometido con los derechos humanos.
El Gobierno ha dado algunas muestras satisfactorias de pretender dar la pelea contra esta red mafiosa que penetra y corroe el aparato del Estado. Pero no ir a fondo en esta cruzada echaría por la borda aquellos gestos iniciales. Se trata de una lucha necesaria para que prevalezcan los soportes básicos de la Justicia. Y todos los sectores que defiendan la vida en paz y tolerancia deberían impulsarla. Principalmente porque del otro lado se encuentra todo lo contrario: la muerte, el terror y la impunidad, que se niegan a irse definitivamente. Es un deber de todos, entonces, hacerles frente.
Con esta necesaria introducción de último momento, les damos la bienvenida al número XII de Libertad No Duerme. Luego de algunos retrasos, esperamos poder adquirir la continuidad que queremos para esta publicación. En esta edición nos complace inaugurar un nuevo formato, que nos permitirá tener un contacto más fluido con los lectores. También estrenamos un demorado rincón poético, abierto a las colaboraciones de las plumas sensibles que nos leen.
Prometemos también para muy pronto subir todas las notas de los números anteriores. El trajín de la mudanza virtual y los agitados últimos días no nos dejaron actualizar la nueva página. Por lo pronto, disfruten este número y tengan un muy feliz 2007.
05/01/2007
Nro. XII - Editorial II
Publicado por
Libertad No Duermes
en
19:40
Etiquetas:
Editoriales
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1 comentarios:
vaya mi felicitacion para toda la muchachada que fabrica esta publicacion,notas interesantes,lindo formato.
si necesitan un ilustrador, me chiflan ...
adios