27/08/2006

Nro. XI - Editorial


¿Cuánto tiempo falta para que el Partido Radical deje de existir? ¿Hace cuánto que el Partido Justicialista no es más que un lema dividido? La respuesta nunca será exacta. Mañana. El año que viene. El 1 de Junio de 1974. El 20 de Diciembre de 2001. Qué importa.
El radicalismo -que dejó de ser radical en cuanto Alem dio el último suspiro- hizo de su historia una lucha por la consolidación de las sagradas instituciones de la República, que fueron profanadas una y otra vez por puntos finales, asesinatos y defraudaciones históricas. El peronismo abandonó la justicia social por las privatizaciones, el pleno empleo por la desocupación, la legitimación social por el aparato clientelista. A ambos les quedan apenas estilos para gobernar, para ejercer el poder, para interpelar a la sociedad, apenas un aroma o un tufillo que los distingue uno del otro.

Los partidos políticos argentinos están desmembrados y en franca crisis. Alfonsín y su camarilla, batallando para que el partido no muera en sus brazos. Carrió se ha quedado sola, y ahora no sólo no tendrá equipo de gobierno, no tendrá siquiera candidatos. La alianza técnico-liberal que integran López Murphy y Macri no tendrá nunca problemas financieros, pero los tendrá electorales: como candidato a Presidente, Macri pierde, en la ciudad puede ganar cómodo, pero ¿Quién iría para Presidente? Por ahora, nadie. Todos tironean a Lavagna, quien demorará lo más posible antes de definir su propio armado. El PJ explotó antes de las legislativas e hizo implosión después, hasta reordenarse el 25 de Mayo de este año; pero todos se disciplinarán, los radicales K, los ex duhaldistas, los intendentes y los gobernadores, detrás de quien tiene hoy el poder para repartir la caja nacional, quien puede asignar partidas a diestra y siniestra para forzar compromisos: Néstor Kirchner.
Hacer hoy pronósticos para el 2007 sería desvariar. Pero no está en duda que Kirchner recibirá el año electoral quizás aún más fortalecido, con mayor poder. Poder que, nuevamente, servirá para pagar mañana aquellos compromisos adquiridos hoy.
Quienes debían animarse para enfrentar el escenario que se venía, se están acobardando nuevamente, bañados de mezquindad, presos de la táctica.
Como lo venimos repitiendo desde Libertad No Duerme, no habrá recambio político, no habrá reformas estructurales ni políticas públicas dirigidas a redistribuir en favor de los trabajadores en tanto el poder, que siempre es el arma de la transformación, se sustente en alianzas y arreglos miopes, que solucionan el escollo electoral, pero nunca pueden observar al pueblo, que aún padece hambre, frío y exclusión.

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Reyes desnudos

Por Pablo Pizzorno

En un cuento de Andersen, se dice que un rey vestía un hermoso traje hecho de un material que no podía ser visto por los ignorantes, cuando en realidad se paseaba desnudo por el reino. Nadie se atrevía a confesar que no veía nada por creer que no era lo suficientemente astuto, hasta que un niño se anima a decirlo y todo el pueblo se da cuenta de la mentira. Como en el caso del rey desnudo, en las ciencias sociales abundan los charlatanes que nadie entiende pero pocos se atreven a confesarlo. ¿Será que tras tanta palabra en vano abundan los reyes desnudos?

Hay veces en las que, con paciencia y tiempo libre de más, el buceo por la web finalmente da sus frutos. Entre tantas palabras que sobran, se pueden encontrar rincones interesantes que despiertan asociaciones de ideas a la espera de un pequeño estímulo para salir de su letargo. En mi caso, acabo de descubrir un entretenido juego textual, que sin embargo tiene una valiente cuota implícita de denuncia ideológica, y que nos permitirá mostrar la punta del iceberg de un profundo debate intelectual.

El chiche en cuestión fue bautizado por su creador como un “generador posmoderno”. Cuando se ingresa a él, lo que se obtiene a primera vista es un ensayo de aparente rigor académico, firmado por un supuesto titular de departamento de alguna prestigiosa universidad europea/norteamericana, y con un respaldo bibliográfico que parece contundente, incluyendo citas de reconocidos autores. El texto se presenta como de gran complejidad y de difícil acceso para un simple lego, como tantos artículos de revistas de divulgación científica. Así, uno recorre línea tras línea con una desorientación en alza (para colmo está en inglés) hasta llegar al final, más perdido de lo que empezó. Pero entonces llega el demorado remate: un anuncio debajo del texto revela que el ensayo que se acaba de leer carece totalmente de sentido, y que fue redactado al azar por un generador de texto, que siguiendo pautas gramaticales lógicas puede elaborar miles de estos ensayos apócrifos que emulan la solemnidad de los artículos “especializados”. Además, incluye los greatest hits del repertorio posmoderno y de moda en las últimas décadas: análisis del lenguaje, teorías de la sexualidad, psicoanálisis lacaniano, estructuralismo neomarxista y relativismo cultural, entre otros éxitos.

Sin duda el aspecto más divertido de este invento es la parodia que hace de la clase de artículos que pueblan hojas y hojas de las revistas científicas más prestigiosas del planeta. Echando mano a los términos académicos de moda, y a los rituales que rodean a las publicaciones universitarias, este juego de texto revela el hermetismo y la falta de rigor conceptual que caracteriza a buena parte del mundo de las ciencias sociales. Esta denuncia disfrazada de broma me recordó un genial incidente digno de comentar (que la propia página vincula al final), conocido como el affaire Sokal.

Alan Sokal es un físico norteamericano que en 1996 envió un artículo a la reconocida revista Social Text, titulado “Transgrediendo los límites: Hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica”. El artículo estaba inscripto en las tendencias de moda a las que al parecer adhería Social Text. La principal era un relativismo cognitivo extremo, que llegaba a afirmar que la realidad física es una “construcción sociolingüística”. Además, incluía una gran cantidad de citas de autores célebres que parecían respaldar de forma contundente las afirmaciones que allí realizaba, y el traslado que hacía a las ciencias sociales de conceptos provenientes de las ciencias exactas, como la mecánica cuántica. La revista aceptó el envío de Sokal, y publicó su artículo en abril del 96. Pero el escándalo estalló pocos meses después, cuando Sokal reveló, al igual que el jueguito de la web, que su artículo era una serie de delirios inconexos sin sentido alguno. Dijo luego:



“Mi desafío era probar que el artículo sería publicado tal cual fue escrito y así demostrar hasta qué punto está instalada en nuestra cultura la idea de que un texto, cuanto más oscuro y hermético, más profundo es. Imaginé que la parodia era la mejor manera de demostrar que el rey estaba desnudo. Sin embargo, es necesario aclarar que los párrafos más desopilantes del texto no los escribí yo sino que eran citas incrustadas de autores franceses considerados grandes intelectuales.” (Clarín, 15-4-98)



La denuncia de Sokal era de alto impacto. No sólo demostraba cómo la charlatanería ilustrada podía ganar las páginas de una de las revistas científicas más importantes del planeta, sino que también acusaba a famosos y consagrados autores de fraude intelectual. Poco tiempo después Sokal publicó un libro, junto a su colega Jean Bricmont, llamado Imposturas intelectuales (en EEUU se editó bajo el gran título de Fashionable Nonsense) donde amplió el contenido de sus denuncias, y cuestionó a autores de la talla de Lacan, Derrida, Baudrillard, Kristeva y Deleuze/Guattari, entre otros. Desde luego, Sokal deja en claro que su intención no es la de impugnar la totalidad de la obra de estos autores, sino explicitar lo que él considera “abusos intelectuales”, que generalmente son debido al uso de nociones provenientes de las ciencias “duras” sin ningún tipo de justificación sensata. El ejemplo que se pone como el colmo del absurdo es la sentencia de Lacan acerca de que el órgano eréctil es equivalente a la raíz cuadrada de (-1), algo que Sokal describe como un disparate absoluto.

Aunque el aporte de Sokal tiene un blanco concreto, que es la crítica al traslado de conceptos propios de las ciencias exactas al campo de las ciencias sociales, nos quedaremos con el planteo de fondo de su razonamiento, que es el hermetismo vigente en el mundo académico y la elitización de la ciencia en manos de supuestos expertos, que hacen el culto de escribir en jergas cada vez más oscuras e inentendibles. Esta conducta termina invirtiendo lo que es el rol de un intelectual, cuyo objetivo debería consistir en hacer fácil lo difícil: poder captar lo complejo de la realidad y saber exponerlo de una forma didáctica. Pero en lugar de eso, tantos presuntos intelectuales que abundan por las universidades parecieran encontrar placer en no hacerse entender por nadie, tal vez para disfrazar sus propias carencias teóricas, o simplemente por el gusto de elitizar el saber. De cualquier forma viene a la mente el típico caso del lego que asiste a una conferencia del intelectual del momento y sale diciendo: “no entendí nada, pero estuvo buenísimo”.

Las ciencias sociales, por su naturaleza, sufren un agravante por esta clase de conductas herméticas. Ellas, al contrario que las llamadas ciencias duras, están en un constante diálogo con su objeto de estudio. A las ciencias exactas les corresponde analizar “un mundo objetivo que no responde y no construye e interpreta el significado de sus propias actividades” (A. Giddens, “Hermenéutica y teoría social”, 1982). Pero las ciencias sociales, en cambio, se encargan de estudiar al hombre mismo, que puede apropiarse de los “descubrimientos” científicos sobre su conducta individual y social. En esta relación con su sujeto (que Giddens llama “doble hermenéutica”) reside el potencial transformador de las ciencias sociales. Se impone entonces un diálogo claro entre el científico y el lego, que permita difundir el contenido de las investigaciones a la mayor cantidad de interesados posible. Es evidente que, por el contrario, el hermetismo en el discurso académico dificulta el acceso a la producción de conocimiento.

Considerando al diálogo científico-lego como imprescindible en las ciencias sociales, este oscurantismo textual al que estamos haciendo referencia no es simplemente un mero recurso estilístico que dificulta las lecturas poco adiestradas. Se trata sino de una manifestación reaccionaria de buena parte de la comunidad científica, que prefiere que el saber se reproduzca y circule entre elites ilustradas que acumulen trabajos en medios especializados como medallas en un uniforme militar.

Estamos asistiendo nada más y nada menos que a la cultura de los intelectuales del “paper”. Se trata, como decía Althusser, de auténticos “profesionales de la ideología” que están a la búsqueda de publicar un trabajo en un medio prestigioso (como la Social Text) y de colgarse toda clase de maestrías o posgrados para ganar un mayor “valor agregado” y poder vender su saber al mejor postor. En definitiva, estamos frente a los intelectuales devenidos en viles mercancías y alejados de toda postura (y conducta) crítica.

En una lectura obligada de la militancia de los años 70 llamada Para leer al Pato Donald, Ariel Dorfman y Armand Mattelart se despachaban desde la primera página de su obra con una brillante concepción acerca del hermetismo intelectual. Por su elegante contundencia, las pediremos prestadas para terminar estas palabras.


“Para acceder al conocimiento, que es una forma de poder, no podemos seguir suscribiendo con la vista y la lengua vendadas, los rituales de iniciación con que las sacerdotisas de la “espiritualidad” protegen y legitimizan sus derechos, exclusivos, a pensar y a opinar. De esta manera, aún cuando se trata de denunciar las falacias vigentes, los investigadores tienden a reproducir en su propio lenguaje la misma dominación que ellos desean destruir. Este miedo a la locura de las palabras, al futuro como imaginación, al contacto permanente con el lector, este temor a hacer el ridículo y perder su “prestigio” al aparecer desnudo frente a su particular reducto público, traduce su aversión a la vida y, en definitiva, a la realidad total. El científico quiere estudiar la lluvia y sale con un paraguas.”


Enlaces externos


Generador posmoderno

Artículo de Alan Sokal en la Social Text

Entrevista de Sokal a Clarín en Buenos Aires (15-4-98)


Recensión de Imposturas intelectuales

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MEDIO ORIENTE: entre la guerra permanente y la paz de los cementerios

Por Martín Schapiro

El análisis de la historia desde la creación del Estado de Israel hasta la actualidad nos permiten analizar el actual escenario en el que la conjunción entre sectores fanáticos y expansionistas con aquellos que suponen que el modo de garantizar la existencia de Israel es la eliminación de cualquier capacidad ofensiva o defensiva en todos los países linderos, ha llevado a una situación donde la guerra permanente y el terrorismo particular y de estado parecieran ser las perspectivas a corto y mediano plazo.

Sería imposible comprender la situación de Israel, sin aclarar las circunstancias históricas en las cuales este pequeño estado armado fue concebido primeramente, y como logró su existencia a pesar de la encarnizada oposición de los países linderos.

La situación posterior al genocidio llevado adelante por los nazis, en conjunción con el proceso de descolonización que se vivió e Asia y África finalizada la segunda guerra mundial, llevaron al movimiento sionista, anteriormente minoritario entere la población judeo-europea, a convertirse en el principal sector político de estas comunidades. El reclamo entonces, de una patria para los judíos en la tierra prometida bíblicamente, pasó a ser casi unánime en las colectividades, que intensificaron la migración hacia esa región ante la mirada de aprobación del bando vencedor, preocupado por quitarse de encima el problema de quienes se habían establecido como refugiados frente a las políticas del tercer reich. Es en este contexto, por acuerdo de las potencias vencedoras, y sin consultar a los habitantes de la región se establece la resolución de la ONU que prevé la constitución de dos estados, Palestina e Israel, siendo uno asignado como estado judío y otro como estado árabe. Los linderos estados árabes se oponen a esta creación, puesto que el nuevo estado se instalaría en territorios por ellos reclamados y habitados tradicionalmente, lo que daría lugar a la llamada “guerra de independencia” en la que los israelíes obtendrían una espectacular victoria militar y dejarían como resultado cuatro millones de palestinos refugiados, la constitución de uno sólo de los estados previstos, el de Israel, rodeado de estados y pueblos hostiles a su existencia, la que en adelante considerarán un peligro.

El devenir histórico no hizo menguar este estado de cosas, sino que se agravó. Respaldado por su victoria militar y ante la amenaza producida por la aparición de movimientos nacionalistas árabes que se reivindicaban socialistas, Israel obtuvo el apoyo incondicional de los Estados Unidos, lo que le permitió desconocer el derecho del pueblo palestino de obtener un Estado y el de los refugiados de retornar a sus hogares, e incluso, ante cualquier agresión, y haciendo uso de su poder militar, expandirse territorialmente con la excusa de garantizarse su seguridad.

Las actuales escaladas no son entonces, más que repeticiones del conflicto que Israel tiene periódicamente con sus vecinos, matizadas por la actual estrategia de mantenimiento de la dominación global de Washington.

Es redundante explicar que con la caída del Socialismo Real los Estados Unidos se quedaron sin el Gran Satán Comunista que justificara su vigilancia y expansionismo global, pero aún así cabe explicar la continuidad del apoyo incondicional a Israel, quien siguió siendo su aliado estable y estratégico en la región, por lo que lo siguió apoyando, pues su abrumador poder militar servía de garantía última ante la amenaza regional del pequeño enemigo de turno, como pudo serlo Irán o el Irak de Saddam Hussein.

Con la creación del terrorismo como nuevo enemigo, y a partir de la supuesta guerra librada contra éste, esta alianza cobraría aún mayor importancia para ambos países. A partir del ataque a las Torres Gemelas, Estados unidos dejó de lado la búsqueda de un acuerdo de paz hecho a la medida de Israel, buscada por la administración demócrata, se desconoció a los líderes de la región que osaran oponérsele, calificándolos de terroristas, y se apoyó una estrategia puramente militar en desmedro de las salidas políticas negociadas.

La idea de exportar el modelo democrático liberal, y la extraña muerte de Arafat obligaron a un llamado a elecciones parlamentarias en Palestina, en las que triunfó el movimiento fundamentalista Hamas, que sorpresivamente giró de sus posiciones más extremas al ofrecimiento de una tregua indefinida al régimen israelí.

Sin embargo, Israel se negó a reconocer al nuevo gobierno, al igual que Estados Unidos, y, ante el primer hecho de violencia (el secuestro de un soldado israelí, cuya autoría Hamas negó), ocupó los territorios palestinos de forma completa, secuestrando a autoridades electas del gobierno palestino, y causando nuevamente el destierro y la muerte de civiles, y alimentando a los sectores extremistas.

En ese mismo tiempo, una acción similar de parte de Hezbollah, motivó la ocupación parte del territorio Líbano y el bombardeo de su capital, Beirut, causando la muerte de centenares de civiles.

En ambos casos la lógica del gobierno sionista fue la aplicada por Washington con un estruendoso fracaso en Irak y Afganistán, es decir, bombardear y ocupar los lugares donde supuestamente se esconden los terroristas, sin cuidado por las vidas de quienes habitan en esos territorios. Es de esperar que el resultado sea el mismo. Ante una invasión extranjera, lo más probable es que se vean favorecidos los sectores nacionalistas más recalcitrantes, aquellos que, quizás con lógica, no ven en Israel sino un enemigo que debe ser aniquilado, dejando de lado a los sectores más moderados y dialoguistas. Aún quienes abrazan éstas últimas posturas, ante la acción sistemática de Israel, no pueden sino acogerse a los pedidos de los sectores más extremos, a riesgo de perder en caso contrario prédica entre su población*.

Los grandes ganadores de la guerra serán entonces los sectores que Israel caracteriza como terroristas, aquellos que desde hace más de cincuenta años intentan negarle la posibilidad de existir, alimentando así la prédica de los sectores duros israelíes que ante cada nuevo ataque pedirán ofensivas mayores, que a su vez fortalecerán a los grupos extremistas.

Ante este escenario internacional, y ante la histórica turbulencia de la región, y el probado fracaso de las estrategias militaristas, es menester exigir a Israel una salida política, respetuosa de los derechos de los pueblos árabes, puesto que cualquier decisión contraria implicaría una opción macabra entre constituirse en el responsable de una escalada bélica permanente o del genocidio definitivo de sus vecinos.

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Oliverio Girondo y el socialismo de la percepción

Por Juan Francisco Gentile

En primer lugar, y antes que cualquier otra cuestión sin dudas menos trascendente, exhorto casi violentamente a que todo aquel que no haya leído la poesía de Oliverio Girando lo haga en este mismo instante. ¿Por qué? Porque es la mejor poesía que se haya escrito en estas (ex) pampas, por lo menos de la célebre. Y lo asevero así, sin ninguna pretensión de rigor teórico porque, como diría Ivan Turgueniev a Dostoievsky en una famosa partida de dominó que terminara en malos términos, “me la aguanto de verdad”.

Bromas aparte, la poesía de Girondo es paradigma de la trasgresión y de la innovación, tanto formal como semántica. En Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de 1922, la poesía girondeana se hace cargo definitivamente de la ciudad moderna y sus nuevos elementos, sus nuevas velocidades, sus nuevos valores y relaciones entre los sujetos. Cabe recordar, para cabecitas despistadas, que en los años 20 Buenos Aires vivía una revolución estética, topográfica y étnico-racial, ocasionada por el masivo aluvión inmigratorio y el crecimiento indetenido de la urbanización, con la proliferación de las vías férreas, las calles asfaltadas, las luces eléctricas y los cables de telégrafo que adornaban las calles. Todo era nuevo y el ojo observador se abría de par en par ante la incipiente metrópolis. Algunos ojos se deslumbraban por lo que venía, mientras otros dejaban escapar un lagrimón por lo que se dejaba atrás. Girondo no era precisamente un nostálgico. De hecho en sus poemas, la conjugación verbal en tiempo presente es un manto de sentido que todo lo cubre. A tal punto que el pasado y la tradición son las grandes ausencias de su poesía.

Es posible decir que la obra de Girando se hace cosmopolita junto con Buenos Aires, en tanto las marcas de la modernización urbana están presentes en sus versos. Los tranvías, el cine, los cuerpos femeninos, las luces eléctricas, y los transeúntes multiplicados son captados por un “poeta-ojo” (en palabras de Beatriz Sarlo) que percibe casi fotográficamente imágenes de la configuración urbana y las escribe poéticamente, otorgándole una dimensión simbólica y estética definidamente vanguardista en el sentido más literal de la palabra. Aquí, el valor es la novedad. Se construye como escenario novedoso aquello sobre lo cual otros poetas habían arrojado el tapiz de la nostalgia y la tradición (las orillas borgeanas; el campo pastoral y utópico de Guiraldes, por ejemplo). Se trata del espacio urbano, que Girondo descubre como si lo viera por primera vez en su vida, aunque esto no sea del todo un mero artificio de extrañamiento.



En el poema “Apunte callejero”, de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, escribe Girondo:

“Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar… Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda.

Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí y de pronto se arroja entre las ruedas de una tranvía”



La ciudad con sus sujetos y artefactos es la los protagonista de los versos de Girondo, quien la cubre de una poética en tiempo presente, sin hacerla pasar por un yo lírico que evalúe y contraponga todo con un pasado más feliz, como sí lo hizo Borges. Se trata de apuntes, fotografías, visiones, encuentros que son retratados tal como se perciben por un ojo poetizante, a tal punto que la cotidiana imagen de la sombra del propio cuerpo recortada por el tranvía que atraviesa la calle se convierte en un suicidio repentino y sin tragedia.


“Todo discurso remite a otro discurso”


En la década del ´20 Borges escribía sus célebres libros de poesía Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente y Cuaderno San Martín . En ellos, el poeta lamentaba la desaparición de un espacio que fundía la ciudad y el campo (su ideologema básico: las orillas), evocándolo de forma nostálgica, oponiéndole una ciudad vertical que amenaza el cielo amplio con sus construcciones. La invención de Borges tiene mucho de mitología: su “buen lugar” está dotado de valores y espacios enaltecidos por un yo poético que se inscribe fuertemente como alguien que añora lo que ya no está y que mira con cierta desconfianza lo que avanza desde el centro de la ciudad hacia los suburbios, pero la selección y la combinación se hace de forma tal que la orilla borgeana suene mucho más a espacio utópico que a pasado reciente y realista. Para Borges

“El día era más largo en tus veredas
que en las calles del Centro
porque en tus huecos se aquerenciaba el cielo.
(…)
y es más grato el rosado firme de tus esquinas
que el de las nubes blandas
y el cielo amenazado de tus orillas guarda
mejor paz que el del campo.”
(Elegía a los portones, Cuaderno San Martín, 1929)



Girondo vendría a derribar esta torre de marfil en la cual el mundo literario puso a la poesía de Borges (por más que la terminología lugoniana hubiera irritado al reactivo Jorge Luis), aunque su poesía (la de Giorondo) no discuta abierta o declaradamente con la de Borges. Pero como es sabido por todos allá por Caballito “Todo discurso remite a otro discurso”, y en este caso es innegable que los leit motivs de las poéticas de los dos autores (por lo menos de las del ´20) difieren casi hasta la oposición dialógica: Mientras Borges traza una solución entre renovación ultraísta (en el plano formal) y memoria criollista (en el plano semántico), haciendo hincapié en una mirada nostálgica sobre el Palermo de patios y aljibes a orillas del Maldonado (hoy entubado y convertido en doble mano), Girondo produce una obra basada en la novedad de lo presente, con un valor que se afirma en la percepción por los sentidos, desplazando del centro del impulso creativo a la memoria (más allá de que en épocas como la nuestra esto nos suene derechoso (lo de relegar la memoria, digo)). En el caso de Girondo se trataba de la ruptura de una tendencia y de la conversión en símbolo poético del nuevo escenario urbano, que se mostraba fascinante para las mentes jóvenes ávidas de mundo, y que asustaba a las mentes tradicionalistas que temían el olvido de los valores nacionales, ya sean los de la patria en tanto nación, que decía reivindicar Lugones, o los de la patria secreta o de infancia que añoraba Borges.

Es que mientras Lugones crea un mito de una raza, y mientras Borges crea otro mito de un espacio y de algunos compadres, Girondo nada más (y nada menos) mira la ciudad y se conmueve con aquello que espantaba a muchos:

“De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe de batuta todos los estremecimientos de la ciudad, para que se oiga un solo susurro, el susurro de todos los senos al rozarse” (Pedestre, Veinte poemas… 1922)



Al margen de la revista Viva, Beatriz Sarlo ha escrito artículos sobre literatura argentina que figuran entre los más lúcidos del siglo pasado y lo que va de éste. Entonces citémosla aquí, y valgan sus apreciaciones para sostener el pomposo título que llevan estas líneas: “[en la poesía de Girondo] En vez de saber, se palpa, se oye, se huele, se percibe. (…) En la literatura de Girondo no se produce lo que Baudrillard llama `sobrecarga de los signos posesivos´. Las cosas están allí afuera, en la escena urbana; la relación simbólica que se establece con ellas no es de propiedad, tampoco de apropiación: nadie las incorpora a su patrimonio porque sobre ellas se ejerce, básicamente, el común derecho de la percepción.” (1)


Que con Oliverio todo el año es carnaval


Mijail Bajtín, célebre lingüista y filósofo del lenguaje del siglo XX, de origen ruso, desarrolló el concepto de lo carnavalezco, aplicable a las expresiones artísticas, particularmente a la literatura. La carnavalización consiste en la categoría de la cultura no oficial reflejada en la literatura: un discurso literario subvierte las jerarquías preestablecidas, re-ordena el mundo, lo “ordena al revés”. Así, se fusionan los estilos “altos” con los estilos “bajos” (las comillas son significativas). Se ridiculizan figuras de supuesta autoridad moral, política o religiosa y, entre otras cuestiones, se vuelve público lo catalogado de inmoral, como los cuerpos y el sexo. La categoría parte del viejo rito del carnaval, donde el pueblo tomaba las calles para exponer su fiesta de figuras grotescas y burlonas, se desjerarquizaba el espacio, y las plazas públicas eran el lugar donde se escuchaba retumbar el “lenguaje del pueblo”.

Los versos de Girondo son una exposición de lo vedado, un soplido sobre la hoja de parra que cubría la poesía anterior. El pudor se desplaza, y aparecen los cuerpos y los sexos en todo su esplendor, mostrados como elementos particulares, únicos, singulares y diseccionados. Cada seno es una unidad, cada nalga una organicidad. Beatriz Sarlo afirma, tal vez un poco estridentemente, que Girondo es un pornógrafo, porque vuelve público lo íntimo. Hay que hacer hincapié en que aquello de que Girondo es un pornógrafo es una metáfora. Una metáfora exagerada, ya los sexos aparecen aquí de una forma mucho más simbólica, en tanto celebración de lo vital y de los cuerpos humanos como naturaleza, fines que distan largamente de los de la pornografía, que se limitan a la voluntad de excitar al receptor (la defensa del cine porno la haremos en otro momento más oportuno).

La poesía de Girondo es fundamental porque desacartona el género, lo dota de nuevas fuerzas vitales y humanas que la literatura había desplazado sin notar la fuerza simbólica que en ello residía y reside: quien pueda conmover nuestro espíritu y nuestra mente -si es que ésta es conmovible- usando la palabra “nalga” se gana nuestra admiración de forma instantánea. Por lo menos la mía y de los jóvenes lectores, que al fin y al cabo, son los que importan.

Se abre el espacio de lo prohibido, se desacraliza la doxa moral y religiosa, se fusiona lo sublime y lo profano y se enaltecen los sexos que deambulan por una ciudad nueva, en poemas firmados en Venecia, Buenos Aires, París y Mar del Plata en fechas increíblemente cercanas. La ecuación es, sin dudas, por demás seductora.
Valga entonces, y para cerrar estos garabatos, el poema “Exvoto” y sus adorables chicas de Flores, que dan ganas de correr a abrazarlas y “eyacular palabras en sus oídos” para que ya no sientan ese miedo de desparramarse por la vereda.


Exvoto

A las chicas de flores

Las chicas de Flores tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposas.

Las chicas de Flores se pasean tomadas de los brazos, para trasmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda.

Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás —empavesadas como fragatas— van a pasearse por la plaza, para que los hombres les ayaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.

Las chicas de Flores viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo a todos los que pasan por la vereda.

Buenos Aires, Octubre, 1920 (2)

(1) Beatriz Sarlo, Oliverio, una mirada de la modernidad. En Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1988. Pág 63.
(2) Oliverio Girondo, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía y otras obras. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires. 1991.

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¿Hace cuánto que no vas al teatro?

Por Julieta Bilik

“TEATRO: la vida es puro teatro”. A partir de cuatro proposiciones simples definimos el teatro y te exhortamos a frecuentarlo. Adéntrate en el mundo de las luces y los escenarios porque no hay excusa: en Buenos Aires se hace, se lee y se ve mucho teatro.


Cambiar es la única manera de descubrir qué es lo que permanece constante, cuál es la herencia irrenunciable que los nosotros de ayer transmiten a los nosotros de hoy.(1)


TEATRO. (del latín theatrum, y éste del griego théatron; de theásthai, contemplar) m. Edificio o sitio destinado a la representación de obras dramáticas o espectáculos propios de la escena. // Arte de componer obras dramáticas o de representarlas. // Lugar en que concurren acontecimientos notables y dignos de atención. (2)

PRIMERA PROPOSICIÓN: teatro como arte de la representación

Si el arte es todo aquello que los hombres llaman arte, y su rasgo distintivo es que representa (o reproduce) la realidad, el teatro nunca podría quedar fuera de aquella esfera que conocemos (caprichosamente) bajo el nombre de arte. Entre todas las artes (que son muchas más que siete) el teatro integra el selecto grupo de las denominadas “artes del espectáculo”, que incluye tanto a la danza y la comedia musical, como a la ópera o las performances posmodernas. Lo que agrupa y distingue a estas disciplinas aparentemente tan disímiles es, justamente, el hecho del espectáculo en vivo, el acto de comunión entre artistas y espectadores a partir del cual cobran existencia, y la condición de lo efímero e irrepetible.
A propósito de la tragedia, Aristóteles afirma que está “hecha por personas que actúan y no en forma de narración” (3), procurando distanciarla de la épica (género encomendado a la narración de historias) y la lírica (que a partir del canto y el lenguaje poetizado encarnaba los estados anímicos y las emociones); géneros alejados de lo dramático que se encarga por excelencia de mostrar los hechos en tiempo y espacio reales. El teatro, junto con el resto de las artes performáticas, se define por la creación de sucesos históricos (como la guerra de Vietnam o el asesinato de Moreno) y el hecho de ser irreproductible.

SEGUNDA PROPOSICIÓN: teatro como espejo

Algunas definiciones sostienen que el teatro es la reproducción de las conductas humanas en un marco escénico en donde se representa al hombre y su comportamiento ante los conflictos. El espectador entonces, es espía y protagonista simultáneamente, siente compasión por el héroe y a la vez temor de sufrir lo mismo que aquel padece. El vínculo entre el voyeur y la cosa representada dota de existencia al artificio teatral: “El teatro debe dirigirse a la realidad para estar en condiciones y tener el derecho de producir imágenes eficaces de la realidad” (4). Teatro como espejo que se nutre de su propio reflejo, entendido como producto simbólico estricto en donde nunca existen las naturalezas muertas.

TERCERA PROPOSICIÓN: teatro en pos de la toma de conciencia

El teatro ha sido a lo largo del tiempo uno de los medios artísticos más eficaces para la creación y recreación de las conductas humanas. Es así, como en todas las culturales existe (y ha existido) la forma teatral procurando intervenir en la vida social, ya sea denunciando o comprobando como así también apelando o discutiendo. El teatro no existe solamente como catarsis y desahogo, sino que encierra una función colectiva importantísima “Porque las representaciones deben ceder el paso a la cosa representada, a la convivencia de los hombres (...) (Porque) es necesario que el espectador pueda, en su teatro, gozar como diversión el tremendo e infinito trabajo que le procura la vida, y también el carácter terrible de su incesante transformarse." (5)

CUARTA PROPOSICIÓN: teatro como subversión del orden

La historia oficial cuenta que la tragedia tiene su origen en las ceremonias que los griegos rendían en homenaje a Dionisios (divinidad protectora de la vida y símbolo del placer, el dolor y la resurrección. Hijo de Zeus, el rey de los dioses, y Semele, una mortal). A propósito de este particular dios griego, Vernant afirma: “Dionisios mezcla las fronteras entre lo divino y lo humano, entre lo humano y lo animal, entre el aquí y el más allá. Pone en contacto lo que está aislado, separado. Su irrupción, en forma de trance y de posesión reglamentadas, es, en la naturaleza, en el grupo social, en cada individuo humano, una subversión del orden.” (6). Según se divulga, la tragedia proviene del ditirambo (canto coral en honor a Dionisios) lo que la emparenta directamente con el ritual religioso y la desmesura típica de las fiestas dionisiacas (que equivaldrían al carnaval en la Edad Media, a la época de los excesos y el desparpajo producto de una pausa en el quehacer cotidiano de todos los sujetos sociales). El teatro es desde sus orígenes un hecho que ocurre fuera del ámbito cotidiano y de la lógica regular. ¿Qué otro espacio sería tan útil y eficaz para engendrar el cambio?

¿HACE CUÁNTO QUÉ NO VAS AL TEATRO?

En Buenos Aires existe una cartelera teatral amplísima y digna de admiración para cualquier metrópoli del mundo.

En Buenos Aires hay miles de recovecos perdidos en los que cada noche de fin de semana se encienden las luces y se produce ese acto de comunión maravilloso en el que la ficción es protagonista y entretenimiento, pero también disparador de una realidad que puede ser mejor.

En Buenos Aires se hace, se lee y se ve mucho teatro.

En Buenos Aires no hay que salir a buscar, el teatro está en todos lados.

Los Recomendados

Para ir a ver: “Kuala Lumpur” en el Espacio Callejón.

Para leer: “Delirio a dúo”, de Eugene Ionesco.

Portales con todo lo referido a la actividad teatral en Buenos Aires:

ALTERNATIVA TEATRAL

MUNDO TEATRAL

Teatros en Buenos Aires:

Anfitrión

Abasto Social Club

Camarín de las musas

Celcit

Centro Cultural Borges

Centro Cultural de la Cooperación

Centro Cultural Fray Mocho

Centro Cultural Konex

Centro Cultural Recoleta

Centro Cultural Ricardo Rojas

Centro Cultural San Martín

Club del Vino

Complejo Teatral de Bs. As.

El Baldío

El Kafka

Espacio Callejón

Espacio Ecléctico

La Tertulia

Sportivo Teatral

Teatro del Abasto

Teatro Nacional Cervantes

Teatro del Pueblo


(1) BARBA, Eugenio, Teatro. Soledad, oficio y revuelta
(2) Diccionario Enciclopédico Salvat
(3) ARISTÓTELES, Poética VI, 1449a
(4) BRECHT, Bertolt, Brevario de estética teatral, Buenos Aires: Ediciones La rosa Blindada, 1963
(5) BRECHT, Bertolt, Brevario de estética teatral, Buenos Aires: Ediciones La rosa Blindada, 1963
(6) VERNANT, Jean-Pierre, El hombre, Selección de artículos de la Revista Francesa de Antropología, 1985

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Spinetta y Aznar

Por Leandro Rodríguez

Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar, nombres fundamentales de la música popular argentina, nos tienen acostumbrados a las sorpresas, a deslumbrar con su abanico de variedad. Artistas alguna vez encontrados en distintos momentos de sus carreras, hoy presentan sendos trabajos donde la originalidad y la versatilidad son carta de presentación.

Por un lado, el Flaco nos deleita con Pan y , un disco que remonta al Spinetta Jade de los 80, dentro de una estética que viene a desarrollar, con otros matices, la línea planteada en Los Ojos y Para los árboles. Aquí Spinetta hace uso medido de artilugios electrónicos o técnicas de estudio modernas para lograr un sonido potente y bastante climático. En cuanto a su compañía, se destaca como siempre la elegancia del tecladista Claudio Cardone; la laxitud de sus cuerdas, enhebrada por la sobriedad de la debutante Nerina Nicotra en bajo. Sergio Verdinelli hace un magnífico y ajustado aporte en la batería. Graciela Cosceri suma colores con su voz en ciertos pasajes, los que no explotan en exuberancia instrumental.

El disco tiene una interesante serie de autorreferencias (escuchar la letra de Sinfín, por ejemplo, y recordar entonces alguna de Almendra) en medio de una poesía sosegada, soñadora, algo anodina pero para nada abstracta.

La presencia de las armonías y elementos del jazz resultan notorias, sobre todo en No habrá un destino incierto o Cabecita Calesita, con un impecable solo de Cardone.

Quizás las canciones destinadas a silbar o tararear por las calles sean La flor de Santo Tomé (un aire folklórico dedicado a la actual novia de Spinetta) y Dale luz al instante. Preconición, Bolsodios, Canción de noche, Proserpina, Qué hermosa estás y Espuma mística completan esta perla cultivada, llena de la identidad de un creador que disfruta de su total plenitud, con el placer que produce tanto para él como para nosotros hacer lo que más le gusta, sin rendir cuentas a nadie, sin necesidad de vender.

Pedro Aznar nos acerca en Aznar Canta Brasil, un álbum grabado enteramente en vivo durante una presentación en el ND Ateneo, un acerbo de la música popular brasilera post-bossa nova. Adaptadas a la acotada estética de trío (Pedro en bajos y guitarras, Andrés Beeuwsaert en teclados y Facundo Guevara en percusión), 23 composiciones muy particulares y no tan conocidas de distintos autores (Caetano Veloso, Herbert Vianna, Egberto Gismonti, entre otros) son transformadas, reversionadas, y traducidas para que el destacadísimo solista las haga prácticamente parecer propias. Pedro se mueve como pez en el agua en el devenir del registro, que abre con un tradicional, La Luna giró, y prosigue con una deliciosa versión de Invento el mar, de Milton Nascimento. De este interesante autor hay 2 citas más: Milagro de los peces (un disco muy renombrado en épocas de la última dictadura argentina) y Chiquillo. Delicados y brillantes solos suman a la belleza de las interpretaciones, que cuentan con la principal baza de la solvencia vocal de Pedro, cada vez más aterciopelada y sólida. Hay momentos de gran vuelo musical, como en la segunda parte de Alcira y la Torre, o la versión de Flores horizontales, o las emocionantes Polichinelo (Gismonti) y Mi Gurí (Chico Buarque), un tema que, por apreciación personal, tiene cierto aroma a Serrat.

Discos altamente recomendables, que hacen pensar que por suerte hay Spinetta y Aznar para mucho rato. Mientras tanto, aquí estamos los que los escuchamos juntos en Spinetta Jade, en el 81 en el Encuentro con Ivan Lins, en algún disco de Lito Epumer, y nos preguntamos: ¿para cuándo el disco en conjunto?

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