Por Leandro Rodríguez
Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar, nombres fundamentales de la música popular argentina, nos tienen acostumbrados a las sorpresas, a deslumbrar con su abanico de variedad. Artistas alguna vez encontrados en distintos momentos de sus carreras, hoy presentan sendos trabajos donde la originalidad y la versatilidad son carta de presentación.
Por un lado, el Flaco nos deleita con Pan y , un disco que remonta al Spinetta Jade de los 80, dentro de una estética que viene a desarrollar, con otros matices, la línea planteada en Los Ojos y Para los árboles. Aquí Spinetta hace uso medido de artilugios electrónicos o técnicas de estudio modernas para lograr un sonido potente y bastante climático. En cuanto a su compañía, se destaca como siempre la elegancia del tecladista Claudio Cardone; la laxitud de sus cuerdas, enhebrada por la sobriedad de la debutante Nerina Nicotra en bajo. Sergio Verdinelli hace un magnífico y ajustado aporte en la batería. Graciela Cosceri suma colores con su voz en ciertos pasajes, los que no explotan en exuberancia instrumental.
El disco tiene una interesante serie de autorreferencias (escuchar la letra de Sinfín, por ejemplo, y recordar entonces alguna de Almendra) en medio de una poesía sosegada, soñadora, algo anodina pero para nada abstracta.
La presencia de las armonías y elementos del jazz resultan notorias, sobre todo en No habrá un destino incierto o Cabecita Calesita, con un impecable solo de Cardone.
Quizás las canciones destinadas a silbar o tararear por las calles sean La flor de Santo Tomé (un aire folklórico dedicado a la actual novia de Spinetta) y Dale luz al instante. Preconición, Bolsodios, Canción de noche, Proserpina, Qué hermosa estás y Espuma mística completan esta perla cultivada, llena de la identidad de un creador que disfruta de su total plenitud, con el placer que produce tanto para él como para nosotros hacer lo que más le gusta, sin rendir cuentas a nadie, sin necesidad de vender.
Pedro Aznar nos acerca en Aznar Canta Brasil, un álbum grabado enteramente en vivo durante una presentación en el ND Ateneo, un acerbo de la música popular brasilera post-bossa nova. Adaptadas a la acotada estética de trío (Pedro en bajos y guitarras, Andrés Beeuwsaert en teclados y Facundo Guevara en percusión), 23 composiciones muy particulares y no tan conocidas de distintos autores (Caetano Veloso, Herbert Vianna, Egberto Gismonti, entre otros) son transformadas, reversionadas, y traducidas para que el destacadísimo solista las haga prácticamente parecer propias. Pedro se mueve como pez en el agua en el devenir del registro, que abre con un tradicional, La Luna giró, y prosigue con una deliciosa versión de Invento el mar, de Milton Nascimento. De este interesante autor hay 2 citas más: Milagro de los peces (un disco muy renombrado en épocas de la última dictadura argentina) y Chiquillo. Delicados y brillantes solos suman a la belleza de las interpretaciones, que cuentan con la principal baza de la solvencia vocal de Pedro, cada vez más aterciopelada y sólida. Hay momentos de gran vuelo musical, como en la segunda parte de Alcira y la Torre, o la versión de Flores horizontales, o las emocionantes Polichinelo (Gismonti) y Mi Gurí (Chico Buarque), un tema que, por apreciación personal, tiene cierto aroma a Serrat.
Discos altamente recomendables, que hacen pensar que por suerte hay Spinetta y Aznar para mucho rato. Mientras tanto, aquí estamos los que los escuchamos juntos en Spinetta Jade, en el 81 en el Encuentro con Ivan Lins, en algún disco de Lito Epumer, y nos preguntamos: ¿para cuándo el disco en conjunto?
27/08/2006
Spinetta y Aznar
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